Detección de patologías psíquicas y físicas en la escritura manuscrita
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GRAFOPATOLOGÍA: REFERENTE AL ESTUDIO

DEL CÁNCER  EN LA ESCRITURA

 

María del Carmen Doyharzábal

Copyright © María del Carmen Doyharzábal – Todos los derechos reservados.

Prohibida su reproducción sin autorización expresa.

 

 

Dentro de la especialidad de grafopatología, una de las áreas más complejas es la enseñanza de la identificación del cáncer en la escritura. 

 

Adquirir  la experiencia y capacitación necesaria para colaborar con el médico oncólogo  conlleva un largo tiempo de estudio y abarca una compleja y muy extensa área de conocimientos dentro de la especialidad. 

 

De ahí que resulta preocupante la existencia de algunos audaces, que devenidos en especialistas en grafopatología y sin cuidado alguno, se lanzan alegremente a la enseñanza  de la identificación del cáncer en la escritura;  y lo que es peor aún, en ocasiones algunos de ellos o sus propios alumnos, sin supervisión médica alguna, se convierten en improvisados “diagnosticadores”  de desprevenidos y preocupados individuos, que en la búsqueda de una solución a sus males caen confiadamente en las redes de estos inconscientes aventureros, que a mi parecer terminan resultando más peligrosos que un mono con una navaja de barbero en mano.

 

Si bien es cierto que el cáncer es una patología que en sus inicios fundamentalmente  se caracteriza por las modificaciones que sufre la presión en la escritura, presentándose luego y de acuerdo a su evolución otros ítems grafomotores, sería importante para todos tener en cuenta que para que la enseñanza de la identificación del cáncer en la escritura posea un viso de seriedad, se requiere por parte del profesor un extenso desarrollo del tema, y esto va mucho más allá que el mero hecho de limitarla a un simple listado de signos que se encuentren exactamente de la misma manera en todos los casos, y a pretendidas explicaciones médicas y apuntes que - en algunas ocasiones - no son otra cosa que un copia-y-pega de diferentes páginas de Internet.

 

Si algo debemos tener muy en claro en el ámbito de la grafopatología es que antes de presuponer que nos encontramos ante la presencia de una patología cancerosa, o lo que es peor aún, aventurar que la misma afecta a un sistema u órgano determinado,

existen  condiciones y variables a tener en cuenta.

 

De manera que si se pretende enseñar al respecto, mínimamente resulta imprescindible que el profesor esté en condiciones de explicarle al alumno lo siguiente:

 

  • Cuáles son las modificaciones que se pueden presentar en el trazado de acuerdo al útil escritor empleado, las deficiencias de la tinta, del soporte y del apoyo, que puedan ser confundidas con una patología.

 

  • Cómo se debe visualizar microscópicamente un trazado normal y cuáles pueden ser sus variaciones aceptables.

 

  • Qué es un trazado canceroso y qué no lo es (esto se basa en una intensa práctica y la observación directa y es obligación de quienes pretenden  transmitir seriamente su enseñanza tenerlo muy en claro)

 

  • Cuáles son las modificaciones gráficas que pueden considerarse patológicas ante un cotejo o seguimiento.

 

  • Cuáles son las vías de extensión por contigüidad, linfática y hematógena de los tumores malignos y  cuáles son las diversas formas de presentación, ya que en esta patología el trazado puede ir variando de acuerdo a los diferentes estadios de la enfermedad y/o  tratamientos aplicados (indudablemente se debe saber diferenciarlos para enseñarlos).

 

 Por ejemplo, es importante tener en cuenta que, en el caso de los tumores malignos del hígado, los tumores primarios son los menos frecuentes, a cambio de la asiduidad de la presentación de los tumores hepáticos metastáticos, procedentes de otros órganos.  Y que si bien los indicadores que manifiesten un proceso canceroso son las modificaciones de la presión, algunos otros signos correspondientes al ítem y los signos que sugirieran la presencia de una alteración hepática (los que permiten reconocer afecciones hepáticas) podrían deberse no a un carcinoma sino a otras causas, como, por ejemplo, una patología concomitante o una consecuencia secundaria producida por algún fármaco o tratamiento aplicado.  Por lo tanto, se deberían descartar en primer lugar  estas posibilidades antes de atribuir el cambio gráfico a una alteración de ese órgano en particular y presuponer o sugerir la presencia de una patología oncológica hepática.

 

Otro ejemplo estaría dado en el caso de la investigación de las neoplasias hematológicas,  que resultan aún más complicadas de identificar, ya que al ser patologías sanguíneas por una parte no siempre presentan inicialmente las características alteraciones del trazado (de la presión) y por otra interrumpen las funciones normales de la médula ósea, además de poder infiltrarse al bazo, hígado, ganglios linfáticos,  sistema nervioso central, etc. En ese caso deberían considerarse todos los posibles trastornos que pueden afectar a cada uno de ellos, los síndromes anexados, y las variables por metástasis  (ya que se trabaja por asociación de variables).

 

Por otra parte,  en la enseñanza siempre se debe advertir  al alumno que el cáncer es una enfermedad que es a la vez médica y emocional, por lo que el gesto gráfico sufre además otras modificaciones independientes a la patología orgánica que también deben saber diferenciarse.

 

Y estas son sólo algunas de las cuestiones a considerar…. ni qué hablar cuando a signos prodrómicos la cuestión se refiere.

 

De acuerdo a lo anteriormente expresado, vemos entonces que pretender enseñar a reconocer el cáncer en la escritura a través de un simple listado de signos no sólo es un absurdo, sino además muy poco serio.

 

Si no existe por parte del improvisado profesor un mínimo de conocimiento respecto al tema y una legítima práctica, mal puede transmitir a sus alumnos los conocimientos necesarios y menos aún contribuir a que los mismos adquieran las habilidades necesarias para su uso en la práctica laboral.

 

El estudio del cáncer en la escritura es un tema que no puede ser tomado a la ligera y menos aún ser trasmitido  - como algunos inconscientes mercaderes de la desinformación pretenden - simplificándolo a unas cuantas clases y una serie de apuntes que no conducen a ninguna otra parte más que a una babélica y peligrosa confusión del alumno.

 

 

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